Más que un lugar donde vivir

by | 23 October 2026

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Encontrar un hogar y una comunidad en el Hogar Eliasen

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El Ejército de Salvación acompaña a las personas mayores en comunidades de todo el mundo a través de una amplia variedad de servicios pensados para promover la dignidad, la independencia y los vínculos. En el centro de esta labor está el compromiso de reconocer a cada persona como un individuo, procurando que las personas mayores sean valoradas, escuchadas y puedan participar plenamente en la vida de la comunidad. En el Hogar Eliasen, una residencia para personas mayores en Buenos Aires, Argentina, envejecer no significa renunciar a la independencia, a los intereses personales ni al sentido de pertenencia. Residentes y personal describen una comunidad donde el cuidado se construye a partir de las relaciones, la posibilidad de elegir y esas pequeñas cosas que hacen que un lugar se sienta como un hogar.

Para María Norma Hadad, son las plantas.

Para Bernabé Pedro, es la música francesa que escucha en su computadora, la gimnasia por la mañana y los talleres que mantienen activa su mente.

Y para Vanessa Paniagua, una de las integrantes del personal que cuida a los residentes del Hogar Eliasen es ese momento en que alguien se da cuenta de que ha vuelto.

‘Mi parte favorita es cuando te reconocen’, dice. ‘Te llaman y te dicen: “¡Ay, volviste! ¡Volviste otra vez!”. O cuando les decís que no vas a venir porque tenés franco y se ponen tristes. Esa es una parte muy linda.’

Estos momentos, aparentemente cotidianos, revelan algo importante sobre la vida en el Hogar Eliasen, la residencia del Ejército de Salvación para personas mayores en Argentina. Es un lugar donde el cuidado profesional se combina con la compañía, donde se anima a los residentes a mantener su independencia y donde formar parte de una comunidad puede hacer más llevadera una transición que, a menudo, resulta difícil en esta etapa de la vida.

An elderly woman with grey hair and glasses smiling while resting her chin on her hand, wearing a pink top and a black vest.

María Norma Hadad vive en el Hogar Eliasen desde hace alrededor de un año. Antes de llegar, vivía sola en su propia casa, cerca de allí. Una enfermedad, sumada a una creciente preocupación por su seguridad, terminó haciendo que eso ya no fuera posible. ‘Sabía que ya no podía quedarme en mi casa’, explica. ‘Todo pasó muy de golpe.’

Su familia empezó a buscar un lugar que pudiera brindarle el apoyo que necesitaba. El Hogar Eliasen fue el que más les gustó. Adaptarse llevó tiempo. ‘No es fácil’, dice María. ‘Hay que adaptarse y pensar en lo que uno ha vivido, en el presente y en el futuro.’

Un año después, cuenta que está mucho mejor, con el acompañamiento de profesionales de la salud y de su familia.

Sin embargo, cuando le preguntan qué es lo que le gusta del hogar, responde enseguida. ‘Todo. Las plantas, mis compañeros, las personas mayores, el personal. El personal es magnífico.’

La amistad también se ha vuelto importante. María encontró un pequeño grupo con el que suele sentarse y, recientemente, comenzó a compartir el alojamiento con otra residente. ‘No nos conocíamos para nada’, cuenta. ‘Empezamos a compartir el departamento hace más o menos un mes y nos llevamos muy bien. Es maravillosa. Siento que me saqué la lotería.’

Para Bernabé Pedro, que vive en el Hogar Eliasen desde hace aproximadamente dos años, ingresar a una residencia no era algo que originalmente hubiera imaginado para sí mismo.

Sus circunstancias cambiaron después de que su esposa enfermara y la vida de ambos se volviera cada vez más difícil de sobrellevar. Finalmente se trasladó al Hogar Eliasen, donde además tiene familiares cerca.

Habla del cambio con sencillez. ‘No vine acá simplemente porque quería venir’, dice. ‘Tuve que venir.’

Pero también es muy claro al hablar sobre la calidad del cuidado que ha recibido. ‘La atención es muy buena. Muy buena.’

Bernabé conserva sus propios intereses y rutinas. Su computadora es importante para él, especialmente porque le permite escuchar música. La música francesa es una de sus preferidas, junto con canciones antiguas que ha disfrutado a lo largo de los años. También participa en actividades físicas y mentales. ‘Hago gimnasia todas las mañanas para mantenerme y seguir caminando’, explica.

Los talleres también ofrecen oportunidades para ejercitar la mente, con actividades relacionadas con los números, las matemáticas, la historia y los artistas argentinos. Estas opciones son importantes. Permiten que la vida en el hogar sea algo más que una rutina de cuidados. Los residentes pueden seguir disfrutando de aquello que les interesa y participar en actividades que dan estructura y propósito a sus días.

Bernabé también habla con afecto del personal. ‘El equipo de acá ayuda muchísimo’, dice.

Ese equilibrio entre brindar apoyo y preservar la independencia es fundamental en la forma en que Vanessa Paniagua describe su trabajo. ‘Me gusta trabajar acá porque me gusta cuidar a las personas mayores’, dice. ‘Me gusta asistirlas, acompañarlas y ayudarlas con las tareas de todos los días.’

Cada mañana, el equipo brinda el apoyo que necesita cada residente, desde el cuidado personal y vestirse hasta el desayuno y las demás comidas. Pero, explica Vanessa, ayudar a alguien no significa hacer todo por esa persona. ‘También los ayudamos a hacer algunas tareas por sí mismos, acompañándolos en las cosas que pueden hacer.’

El entorno físico también marca una diferencia. Vanessa ha trabajado anteriormente en otras residencias y dice que los espacios al aire libre distinguen al Hogar Eliasen. Los residentes pueden desplazarse entre distintas áreas y disfrutar del parque y de los espacios abiertos que rodean el hogar. Esta combinación de apoyo, libertad y familiaridad ayuda a las personas a conservar su sentido de identidad, en lugar de sentir que quienes son queda reemplazado por la etiqueta de ‘residente’.

Para Vanessa, los vínculos que se van creando son una de las mayores recompensas. Cuando le sugerimos que los residentes pueden empezar a sentirse como una familia, se ríe y está de acuerdo. ‘Antes tenía dos abuelos’, dice. ‘Ahora tengo 40.’

An elderly woman sitting in a chair, wearing a brown cardigan, with glasses hanging on her neckline, in a bright room decorated with sunflowers.

El Mayor Marcelo Rosas, oficial del Ejército de Salvación responsable del Hogar Eliasen, entiende que ingresar a una residencia supone una transición no solo para una persona mayor, sino para toda una familia.

Él y su esposa trabajaron anteriormente durante cuatro años en una residencia para personas mayores en Uruguay, antes de regresar a este ministerio en Argentina. Esa experiencia le enseñó que gestionar bien un hogar implica mucho más que administrar lo que sucede dentro de sus paredes. ‘El trabajo con la familia es muy importante’, dice. ‘No solamente tenemos que cuidar a los residentes dentro de la institución. También necesitamos tener un buen contacto con sus familias para poder cumplir con nuestra misión.’

Para los familiares, la decisión de confiar el cuidado de un padre, una madre o un ser querido a otras personas puede ser dolorosa. ‘A veces las familias sufren mucho cuando tienen que traer a alguien que quieren a una residencia y dejar a su mamá o a su papá al cuidado de otras personas’, dice Marcelo. ‘No siempre es fácil.’

La confianza crece cuando los familiares pueden ver que la persona que quieren está segura, es valorada y se siente cómoda.

‘Las personas se sienten bien y se sienten cuidadas’, explica el Mayor Rosas. ‘La atención humana que brindamos es muy importante. Tenemos un buen equipo y están muy bien preparados. También contamos con profesionales que nos acompañan.’

El objetivo, dice, es que una residencia se vaya convirtiendo poco a poco en algo más. ‘Las personas empiezan a sentir que esta es su casa. Ahí es cuando se convierte en un hogar, en un lugar donde se sienten más cómodas.’ Y ese cambio también repercute en las familias. ‘Cuando los padres están bien, sus familias también están mejor. Están más tranquilas y tienen confianza en la institución.’

No existe un único momento en el que un edificio residencial se convierte en un hogar. Sucede de maneras más pequeñas: saber dónde te gusta sentarte a desayunar; descubrir una nueva amistad; cuidar o admirar las flores; elegir la música que querés escuchar; hacer ejercicio por la mañana; participar en un taller de historia; reconocer a un miembro del personal cuando entra por la puerta.

Para María, hogar significa sentirse cómoda, al mismo tiempo que reconoce la vida que tuvo antes y el futuro que ahora tiene por delante.

Para Bernabé, significa poder seguir haciendo las cosas que siente como propias.

Para Vanessa, se encuentra en relaciones lo suficientemente fuertes como para que alguien note cuando no estuvo.

Y para el Mayor Rosas, consiste en crear un lugar donde los residentes y sus familias puedan confiar en que el cuidado será a la vez profesional y profundamente humano, incluyendo también el acompañamiento espiritual y el cuidado del alma.

En el Hogar Eliasen, todas esas experiencias individuales se unen para crear algo que no puede medirse simplemente por los servicios que ofrece una residencia.

Crean pertenencia.

  • In-House Content Writer and Editor at The Salvation Army’s International Headquarters in London