Más allá del silbatazo final

by | 5 August 2026

Reading Time: 7 minutes

Concientizando sobre la lucha continua contra la trata de personas en México durante la Copa Mundial de la FIFA

Haz clic en el enlace de abajo para leer este artículo en inglés.

Cuando la emoción de la Copa Mundial de la FIFA comenzó a desvanecerse y los aficionados emprendieron el camino de regreso a casa, Rebecca Parish, editora de All the World, conversó con la mayor Ana Figueroa, secretaria territorial de Servicios Sociales del Territorio de México del Ejército de Salvación, sobre por qué la lucha contra la trata de personas continúa mucho después del silbatazo final.

El rugido de la multitud apenas había disminuido cuando los aficionados comenzaron a salir de los estadios de todo México. Envueltos en banderas nacionales y reviviendo todavía los momentos que habían presenciado en la cancha, miles de personas llenaron las calles de Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México.

Entre ellas se encontraban integrantes del Ejército de Salvación. En lugar de ondear banderas o celebrar victorias, ofrecían botellas de agua, pulseras de concientización y pequeños folletos con un mensaje sencillo pero poderoso: «No todo es parte del juego».

Para muchos aficionados, fue un encuentro inesperado. Sin embargo, aquellas breves conversaciones formaban parte de una campaña que iba mucho más allá del futbol e invitaba a las personas a reconocer la realidad oculta de la esclavitud moderna y la trata de personas. Puede que la Copa Mundial de la FIFA haya terminado, pero cuando conversé con la mayor Ana Figueroa un par de semanas después, rápidamente quedó claro que la verdadera historia nunca había sido el futbol. Se trataba de las personas.

El equipo del Ejército de Salvación recorriendo la zona y conversando con los aficionados sobre la esclavitud moderna y la trata de personas.

Para la mayoría de nosotros, la Copa Mundial representó celebración, unidad y excelencia deportiva. Le pregunté a la mayor Ana qué había representado para el Ejército de Salvación.

«Sin duda, la Copa Mundial fue una celebración», afirma, «pero también nos brindó una oportunidad única para hablar de algo que con frecuencia permanece oculto a plena vista».

Durante todo el torneo, oficiales, empleados, voluntarios y miembros de los cuerpos —las iglesias del Ejército de Salvación— salieron de sus edificios y acudieron a espacios públicos concurridos para encontrarse con los aficionados allí donde estaban. Distribuyeron información, ofrecieron ayuda práctica y, quizá lo más importante, iniciaron conversaciones.

«Nuestro propósito no era simplemente repartir materiales», explica la mayor Ana. «Queríamos ayudar a las personas a detenerse, reflexionar y tomar conciencia de algo que quizá nunca antes habían considerado».

Al escucharla, resulta evidente que la campaña nunca se centró realmente en la Copa Mundial. El torneo simplemente ofreció un momento en el que millones de personas estaban reunidas y dispuestas a participar.

A medida que avanza nuestra conversación, la mayor Ana dirige delicadamente la atención lejos de los estadios y hacia la vida cotidiana.

«La esclavitud moderna y la trata de personas son realidades dolorosas que afectan a personas en circunstancias muy diversas», afirma.

Habla de la ubicación geográfica de México, sus rutas migratorias y su diversidad social. Niñas, niños, mujeres, personas migrantes y quienes enfrentan dificultades económicas pueden encontrarse en situaciones que los hacen especialmente vulnerables a la explotación. El trabajo forzado, la explotación sexual, las falsas promesas de empleo, la manipulación emocional y la coacción son realidades que continúan mucho después de que los visitantes internacionales han regresado a sus hogares.

Lo que hace que este problema resulte especialmente difícil, explica, es que con frecuencia pasa inadvertido.

«Estas situaciones no siempre son visibles de inmediato. Por eso es tan importante informar a las personas, crear conciencia y ayudar a las comunidades a reconocer las señales de alerta».

Comprendo que esta es precisamente la razón por la que campañas como «No todo es parte del juego» son tan importantes. Antes de poder responder, las personas primero tienen que aprender a reconocer y ver.

Trabajadores y voluntarios del Ejército de Salvación mostrando los claros mensajes de esta campaña.

Me pregunté si había existido alguna duda acerca de abordar un tema tan serio durante una de las celebraciones deportivas más importantes del mundo.

La mayor Ana responde sin titubear.

«No queríamos generar miedo. Queríamos crear conciencia. Queríamos que las personas prestaran atención, cuidaran de quienes pudieran encontrarse en una situación vulnerable y actuaran responsablemente si algo no parecía estar bien».

Es una distinción a la que vuelve en varias ocasiones.

El sencillo mensaje de la campaña —Observa • Cuida • Actúa— nunca pretendió inquietar a las personas. Por el contrario, las animaba a prestar más atención a quienes las rodeaban y a reconocer que todos tenemos la capacidad de darnos cuenta cuando algo no está bien.

Algunas de las conversaciones más significativas, recuerda, comenzaron con los gestos más sencillos: ofrecer una botella de agua en un día caluroso, entregar un folleto o responder la pregunta de un aficionado curioso.

«A veces», reflexiona, «basta una sola conversación para cambiar la manera en que alguien ve el mundo».

Hay un tema que surge una y otra vez. La mayor Ana está convencida de que prevenir la trata de personas no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos, la policía o las organizaciones especializadas.

«Todos tenemos un papel que desempeñar», afirma.

Describe algunas de las señales de alerta que las personas deben aprender a reconocer: alguien que parece no poder hablar libremente, que aparenta estar bajo el control de otra persona, que no tiene acceso a sus documentos de identidad o que muestra señales evidentes de miedo. Las niñas y los niños que presentan cambios repentinos de comportamiento, ausencias inexplicables o señales de abandono también pueden necesitar apoyo.

Cuando le pregunto cómo mide el éxito de una campaña como esta, su respuesta me sorprende. No menciona cifras, ni la cantidad de folletos distribuidos ni las botellas de agua entregadas. En cambio, responde:

«Si una persona, una familia o una comunidad se vuelve más atenta y actúa responsablemente ante una situación de riesgo, entonces la campaña habrá logrado algo importante».

Pienso que esta es una definición del éxito muy propia del Ejército de Salvación. No se trata de estadísticas, sino de vidas.

Nuestra conversación se aleja de las campañas y las iniciativas prácticas para dirigirse hacia la fe. Queda claro que, para la mayor Ana, ambas cosas son inseparables.

«Creemos en un Dios justo, que ama la vida y defiende la dignidad de cada persona. No podemos permanecer indiferentes ante la explotación, el abuso o la trata de personas».

Hace una pausa antes de continuar:

«Jesús nos enseñó a acercarnos a quienes son vulnerables, a valorar a quienes son ignorados y a defender la vida con amor y verdad».

Desde arriba a la izquierda: Major Ana Figueroa; Mostrando un cartel con el mensaje de la campaña; Entregando pulseras de sensibilización para crear conciencia

Estas palabras parecen reflejar el corazón de todo lo que ha compartido. La campaña nunca consistió únicamente en distribuir información. Se trataba de reflejar a Cristo mediante actos prácticos de compasión, caminar junto a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad y recordar a las comunidades que toda vida humana tiene un valor incalculable.

Finalmente, le pregunto a la mayor Ana qué espera que las personas recuerden ahora que la Copa Mundial ha terminado. Reflexiona durante un momento antes de responder:

«Si una persona, una familia o una comunidad se vuelve más atenta y actúa responsablemente ante una situación de riesgo, entonces la campaña habrá logrado algo importante».

Pienso que quizá este sea el mayor legado de la campaña. Los estadios vuelven a estar en silencio. Las multitudes se han dispersado. El futbol ha seguido adelante. Pero el flagelo de la trata de personas continúa.

Y la invitación a Observar • Cuidar • Actuar permanece con nosotros, desafiándonos a todos, sin importar dónde vivamos, a prestar atención a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad, a defender la dignidad que Dios les ha otorgado y a convertirnos en personas que responden con valentía, compasión y esperanza.

Mucho después del silbatazo final, esta podría resultar ser la victoria más importante de todas.

Haz clic aquí para conocer más sobre el trabajo del Ejército de Salvación para poner fin a la esclavitud moderna y la trata de personas.


Haz clic en el enlace de abajo para leer este artículo en inglés.

  • In-House Content Writer and Editor at The Salvation Army’s International Headquarters in London

Discover more from All The World

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading